domingo, 13 de febrero de 2011

FORMACIÓN POLÍTICA -Clase 8-

Clase Nº 8

LAS IDEAS

Esta sociedad pasa XIII siglos donde la centralidad teológica dominaba las relaciones de poder. Es decir Dios es el centro y sus representantes en ese poder terrenal: la iglesia.

El fin de la filosofía aristotélico-tomista, el teocentrismo, su crisis comienza con la instauración del sujeto cartesiano. En 1637, René Descartes en un crudo invierno holandés, dice que duda…duda de todo, menos de que está dudando, por eso dice que piensa y porque piensa, existe. Es a partir de su libro “El discurso del método” que la centralidad es ocupada por el hombre y su pensamiento. Es el inicio de la racionalidad, ya no existe la verdad revelada por dios. Ahora el hombre, imperfecto, limitado, finito, mortal, toma las riendas de la historia. Los intelectuales serán los revolucionarios y una clase social en ascenso será la protagonista: La burguesía. Son los inicios del capitalismo.

En este largo proceso donde el mundo se circunscribe a “lo conocido”, es decir, el mundo del Mediterráneo, un poco de Asia, un poco de África. Cruza el Océano Atlántico con sus carabelas, su astrolabio, sus cartas de navegación, Cristóbal Colón en su aventura que determina que la Europa descubrirá un nuevo continente donde proveerse del capital originario. Un continente con una historia de miles de años que fue destruida por la empresa conquistadora. Es el comienzo de la primer globalización mundial. El mundo de hace mundo.

Latinoamerica fue colocada en la periferia de los centros de poder mundial. Los pueblos originarios se vieron oprimidos por la expansión europea, fueron saqueados por la empresa conquistadora de las potencias occidentales que, garantizaron la construcción del capitalismo que necesita para arrancar la famosa "acumulaci6n originaria" que como se verá abrió las puertas del infierno. Las nuevas naciones que lucharon por la necesidad de la Patria Grande siendo hijos del mestizaje lucharon en contra del Imperio español pero los intereses de las burguesías comerciales con el manejo de sus puertos y aduanas nos hicieron dependientes del imperialismo inglés primero y el estadouniden­se después.

El eje estructurador de esta dependencia es el capital. Los pueblos originarios como aquellos surgidos del mestizaje realizaron una resistencia vinculada a la acción directa y a formas culturales. El ejemplo de las parcialidades Kilme y Calianos en los Valles Calchaquíes, las tribus cazadoras-recolectoras del norte y el sur argentino, fueron protagonistas de largas luchas de los pueblos originarios, que en­frentaban al dominador español.

Todas nuestras historias parciales son testigo de la tradición genocida de los imperios europeos donde los pueblos originarios opusieron resistencia al norte del Río Bravo en América del Norte, en el centro el Caribe y en el sur Latinoamérica.

Las largas tradiciones culturales que sostienen la continuidad de esas luchas para entroncar con los movi­mientos populares que se opusieron la estrategia neoliberal conservadora y cuyo objetivo hegemónico era la realización de una nueva sociedad, para emanciparse del capital con la creación del “Hombre Nuevo”. Aquellas luchas en esos nuevos contextos necesitaron de la tradición represiva que además se suma la llamada Doctrina de la Seguridad Nacional aplicada por el imperio para aniquilar a dichas fuerzas populares por medio de los ejercitos nacionales, transformándolos en grupos de ocupación y socios proyecto norteamericano.

Con la derrota del campo nacional y popular, la ocultación sistemática de su pensamiento, se implementó el plan neolibe­ral que en algunas naciones, como la Argentina, significó la entrega de la riqueza nacional, el hambre y la desocupación.

Todos los tiempos tienen corrientes filósoficas que sostienen la verdad establecida. Es así que podemos ver que el avance genocida del gran capital tiene como correlato las corrientes filosóficas que en este caso es el relato de la posmodernidad que expresa una ideología desmovilizadora para los movimientos populares latinoamericanos.

La divulgación de el “fin de la historia” donde sale triunfante el capitalismo se atacó desde el plano filosófico la razón, el sujeto, el poder y la utopia.

El plan neoliberal se ha podido imponer previa destrucción del sujeto popular. La dictadura genocida que implantó el terrorismo de Estado en la Argenti­na y que nos dejara mas de treinta mil desaparecidos tuvo como finalidad funda­mental la destrucci6n del sujeto popular para implantar el plan neoliberal.

Como dice Rubén Dri: “Es cierto que el sujeto no se recupera porque elaboremos conceptual­mente, filos6ficamente, su esencia y la posibilidad y necesidad de su re­construcci6n. Pero esa reconstrucci6n conceptual es un momento funda­mental que debe acompañar a la practica. Ello implica, a su vez, la recuperaci6n y la valorac16n de la racionalidad. De mas está decir que im­plica también la recuperaci6n de la utopia porque, en la medida en que el sujeto pierde el horizonte utópico, muere”[1].



[1] Rubén Dri, Hegel y la lógica de la liberación: La dialéctica del sujeto-objeto. 1ª edición, Buenos Aires, Biblos 2007

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