domingo, 13 de febrero de 2011

FORMACIÓN POLÍTICA -Clase 3-

Clase Nº 3

EL MUNDO PEQUEÑO

La democracia griega.

Hasta el siglo VII a.C. los pueblos de Oriente –fundamentalmente Egipto y Babilonia– llegan al mundo su cultura: la cultura antigua.

A partir de entonces los pueblos del Mediterráneo recogerán el legado de la cultura antigua y darán origen a la cultura clásica. La nueva cultura nace en las ciudades griegas gracias a la pujanza de su comercio, a la organización de sus ejércitos, y al incontenible afán de saber, que caracteriza a sus ciudadanos.

La cultura griega es el fruto del trabajo de generaciones, que a lo largo de siglos se dedicaron a recoger y organizar de manera clara y sistemática todo el saber circulante.

La cultura griega no fue sin embargo mera continuación de culturas anteriores, fue algo nuevo. Dio origen a una nueva visión del mundo, en base a nuevos valores, en base a (lo que ellos consideraban) la belleza y la verdad.

Así, reelaborando el conocimiento (pero también los mitos y los prejuicios) de una época, los griegos fundaron las primeras escuelas de filosofía y derecho.

La física, la química, la medicina, la astronomía, y sobre todo la matemática y la geometría adquirieron un gran desarrollo.

Hoy sabemos que "la ciencia moderna deriva de la ciencia griega que le proporcionó un plan, un método y un lenguaje. Ética, economía, política e historia, son todos términos inventados por los griegos. La principal contribución de la cultura helénica fue el éxito que alcanzó en la abstracción, es decir, en hallar términos capaces de expresar elementos comunes a situaciones diversas, sin tener que referirse siempre a casos concretos".[1]

Con todo, abusando de la abstracción, los griegos se dejaron seducir por la fascinación de un mundo ideal, más allá de toda comprobación objetiva. Basándose en ideas abstractas, creyeron haber resuelto las grandes incógnitas científicas y filosóficas de una vez y para siempre. Dos concepciones se enfrentarán, una será el racionalismo –predominio de la razón– y el empirismo –predominio de la experiencia–.

Platón (428-347 a. C.) dirá que “todas las almas viven en paz en un mundo celestial, en contacto con las esencias universales, con ideas claras y verdaderas. Es el mundo de las ideas y allí la contradicción no existe. Algunas almas se corporizan y arriban al mundo terrenal formando objetos materiales. Pero antes de hacerlo, pasan por el Leteo o Río del olvido, razón por la cual llegan aquí en un estado de amnesia, de aparente ignorancia. El conocimiento, irá constituyéndose en un lento proceso. Será pues, un despertar del alma a un saber que ha quedado aletargado: un saber adquirido antes, en su paso por el mundo de las ideas”. Esto será de importancia porque algunos intelectuales seguirán siglos más tarde esta idea racionalista, como Descartes, Spinosa o Liebniz.

Lo que Platón y sus discípulos no comprendieron es que las ideas evolucionan junto a la sociedad que las crea, y que todo intento de fijarlas de una vez y para siempre no es más que el intento de fijar para siempre una determinada organización social.

Aristóteles (384-322 a. C.) no estará de acuerdo con los racionalista pues supone que “El hombre cuando nace es una tábula rasa –está en blanco– sobre la cual se irán grabando las impresiones sensibles, producto de sus experiencias con los objetos”. Nace así el empirismo, que tendrá como seguidores, entre otros, a Santo Tomás, Locke, Berkeley, Hume.

Además, Aristóteles llevó a cabo el primer esfuerzo de clasificación de los regímenes políticos; cada uno de los tres tipos de régimen político, monarquía, aristocracia y democracia podían degenerar en virtud de las propias imperfecciones inherentes al tipo de régimen. La democracia era el gobierno de la demos y su forma corrompida la constituía el reino caótico de los demagogos.

Dado el enorme prestigio alcanzado por estos hombres, la humanidad demoraría siglos en superar esta concepción del mundo que no dejaba a los hombres posibilidad alguna de actuar sobre él. Dividida en clases, asentada sobre el esfuerzo campesino y el sudor esclavo, la sociedad griega veía con desprecio el trabajo manual.

Esta actitud de desdén hacia quienes producen las riquezas, tuvo nefastas consecuencias para el progreso social, ya que justificó por siglos no sólo la separación entre trabajo manual y trabajo intelectual, sino también y sobre todo, la explotación, de un hombre (considerado inferior) por otro (considerado superior).

En Grecia, las clases altas estudian filosofía, las clases bajas (libres o esclavas) aprenden oficios y artesanías. Así los trabajadores aprenden a manejar las herramientas y los "nobles" aprenden a manejar a los trabajadores.

El avance de la cultura griega "no debe cegarnos ante el hecho que la vida de la mayoría no era muy distinta a la que se llevaba 2.000 años antes, cuando la civilización del bronce se detuvo. La agricultura, el alimento, el vestido y la habitación, no habían mejorado mayormente a excepción de algunos progresos en irrigaciones y caminos.[2]

Por otra parte "la situación de la mujer griega era aún peor que en la antigüedad. Excluida de la vida pública la mujer era poco más que una esclava doméstica "[3]

A pesar de sus contradicciones (quizás inevitables para la época) el legado de la cultura griega fue enorme. Con la difusión del comercio (y la moneda), los comerciantes se transformaron muy pronto en "nuevos ricos", y comenzaron a disputarle el gobierno de las ciudades a los "viejos – terratenientes–, instaurando así las primeras formas de democracia, o gobierno del "pueblo".

Claro que los griegos solo consideraban "pueblo" a los hombres libres, y dentro de éstos, sólo a los ricos. En Atenas surge por primera vez un estado dividido en tres poderes: un poder que dicta las leyes legislativo–, un poder que las manda cumplir, ejecutivo–, y un poder que castiga a los infractores -judicial-.

"Basada en la esclavitud y la explotación de territorios extranjeros, la democracia griega tuvo vida efímera, pero fue suficiente para mostrar al mundo sus enormes posibilidades creadoras."[4]

Así mientras los ricos (''nuevos'' y ''viejos'') disputan entre sí "democráticamente" por el estado, los pobres, desalojados de sus tierras por los terratenientes, y arruinados por los impuestos, se enrolan en los ejércitos y marchan a pelear contra los pobres de otras naciones. Ante la posibilidad de morir de hambre en la propia tierra, los campesinos prefieren arriesgar el pellejo peleando en tierras lejanas, que ofrecen al menos la esperanza de alzarse con algún botín. Debido a las luchas internas y los defectos de una economía carente de una sólida capacidad productiva, la civilización griega entra en decadencia.

La democracia romana

Al auge de las ciudades griegas (principalmente Atenas y Esparta) le sucede el auge de Roma. De esta ciudad (gobernada por terratenientes, propietarios de esclavos y mercaderes ricos) va a surgir uno de los imperios más vastos de la historia.

El imperio romano era en realidad, una amplia federación de ciudades que se administraban por sí mismas y se beneficiaban con el comercio recíproco.

El imperio romano llegó a establecer un extenso tráfico comercial, impuso su moneda en los territorios conquistados, fundó un código de derecho que aún se usa, pero no supo mantenerse sobre su propio trabajo.

Aun cuando había una que otra industria que producía artículos en serie –como la alfarería–, la abundancia de esclavos y la falta de un mercado masivo, hacían imposible el desarrollo de una economía industrial.

"El imperio encargaba sus obras públicas a poderosas empresas formadas por varios accionistas."[5]

Con el dinero de los impuestos coloniales y el trabajo de los prisioneros esclavos se levantaron obras colosales, caminos, puentes, acueductos, templos y palacios, muchos de los cuales aún siguen en pie...

La estructura social del imperio sólo admite el desarrollo del comercio y la conquista militar. Pero a medida que no quedan nuevas comarcas para someter, y sus jefes se desgastan en continuas rencillas internas, el imperio se resquebraja y abre sus puertas a la penetración bárbara.

Los "bárbaros" no eran tan bárbaros. Los suevos (una de las principales tribus que invadió Europa) "se dividían en 100 distritos que proporcionaban cada año 1.000 guerreros. Los que quedaban en el país nutrían con el trabajo de la tierra a toda la nación. Al año siguiente, éstos tomaban las armas y los otros retomaban el trabajo. Por ese medio, ni el cultivo de las tierras ni la práctica de la guerra se interrumpía jamás. Por lo demás no había entre ellos propiedades"[6] ni divisiones de clases.

La evolución misma del Estado en la antigüedad ha sido conformada por las doctrinas jurídicas de los romanos, como lo son: las societas y la de soberanía. Las societas descendía de un ente corpus llamado civitas que están contemplados por las universitas que eran la unión de personas o un complejo de cosas formando una unidad o sea un todo, y dentro de las universitas, la societas fue la que más y mayor se nutrió de doctrina, que esto era a su vez, una institución jurídica y este sirvió de referencia para describir al Estado. La doctrina consideraba a la societas una institución de iure gentium, esto es, una originada en el consentimiento.

Las societas y por ende las civitas, es creada por los hombres. Que las societas sea una institución creada por el consentimiento, permite aplicar toda la doctrina que sobre el consentimiento se aplica a las obligaciones y contratos . En la formación del Estado participan una serie de cosas que al parecer el primer dato o fuente, es el grupo de personas que es necesario y útil para constituir el Estado y a través de la historia no nos equivocamos; "la humanidad es la existencia de un conjunto de habitantes que se asienta sobre un territorio determinado, lo es cual es la población".



[1] John D. Bernal. Historia social de la ciencia. Tomo I, pág. 143 y Tomo II pág. 262. Edición Casas de las Américas. Cuba

[2] John D. Bernal. Historia social de la ciencia. Tomo I, pág. 195. Edición Casas de las Américas. Cuba

[3] John D. Bernal. Historia social de la ciencia. Tomo I, pág. 142. Edición Casas de las Américas. Cuba

[4] John D. Bernal. Historia social de la ciencia. Tomo I, pág. 160. Edición Casas de las Américas. Cuba

[5] Lujo Brentano. El origen del capitalismo. pág. 1 Jorge Älvarez – Buenos Aires- 1973.

[6] José L. Romero. Historia de la antigüedad y de la edad media. Pág. 216, Editorial Huemul, Buenos Aires.

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